Aunque te caigas
- karenelenatejada

- 30 jul 2020
- 2 Min. de lectura
Con los años me di cuenta de todas las cosas que no viví al dejarme ganar por el miedo.
Creo que uno de los sentimientos que más experimento es el miedo. Diariamente me enfrento con pensamientos como “¿qué va a pasar si…?” o “¿qué pensará tal persona si…?”.
Durante mucho tiempo, me acostumbré a depender del miedo, tanto así que mis decisiones se basaban en él. Prefería quedarme tranquila dentro de mi zona de confort que intentar hacer nuevos amigos, ir a nuevos lugares, ponerme una ropa diferente o cambiar mi estilo de cabello. Ajusté toda mi vida entorno a mis inseguridades, creyendo que era mejor así.
Aunque en ese momento me sentía cómoda, con los años y la madurez me di cuenta de todas las cosas que no viví al dejarme ganar por el miedo. Todas las comidas que dejé de probar, los lugares que dejé de conocer, las experiencias que rechacé, simplemente por evitar sentirme insegura al salir de mi zona de confort.
Creo que el paso más grande para enfrentar mi miedo, lo di cuando fui a vivir fuera de mi país por un año. Luego de haber tomado esa decisión, sabía que no me quedaba de otra más que empezar desde cero y darles la bienvenida a muchas cosas nuevas: lugar de residencia, compañeras de casa, clases, profesores, amigos y hasta un clima diferente. Posteriormente, me di cuenta de que la parte más difícil de todo el proceso había sido la anticipación, las inseguridades y los pensamientos en mi cabeza antes de dar el paso.
Empecé a vivir en el día a día y la experiencia resultó ser una de las mejores que he tenido… y pensar que nada de eso hubiera sucedido si hubiera dejado que me ganara el miedo.
Cuando elijo no hacerle caso a mi inseguridad, confirmo una vez más que hay experiencias increíbles allá afuera y que, a veces, debo demostrarle a mi cabeza que el miedo solo está ahí, en mi cabeza. La realidad es otra... y no necesariamente tiene que ser mala.
No les miento, desafiar el miedo no es tarea fácil para mí y en ocasiones tomo la vía más segura, pero igual lo intento. Porque cuando dejo de vivir por miedo a que pase algo malo, también le estoy cerrando la puerta a muchas cosas buenas.
Sé que a veces no voy a sentirme cómoda al hacer algo nuevo, pero elijo hacerlo de todos modos, ver qué pasa y qué puedo aprender de esa experiencia. Porque, al final, como dijo Eduardo Galeano: “Si me caí, es porque estaba caminando… y caminar vale la pena, aunque te caigas”.






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